Somos muy afortunados, más que mucha gente en el mundo… Hay gente que ha de recorrer varios kilómetros para disponer de agua. Si tienes agua corriente en tu casa y no eres feliz, entonces es por que no tienes la energía de la plena conciencia en ti todavía. No tenemos dolor de muelas y no somos felices en este momento. El dolor de muelas te dice: “Amigo, no tienes dolor de muelas, ¿cómo no eres feliz ahora?” La plena conciencia nos ayuda a reconocer que tenemos ojos maravillosos. Sólo tenemos que sentarnos en la hierba, para constatar que el paraíso es nuestro. Si no eres feliz en medio de un prado, es porque no tienes la energía de la plena conciencia. Hay quienes han perdido la vista y no tienen esa potestad de ver los prados.

 

Cómo utilizar el sufrimiento para crear la felicidad por Thich Nhat Hanh 

Creemos normalmente que la felicidad no es posible ahora y que necesitamos aún más condiciones. Tenemos mas que suficientes condiciones para ser felices. Con la vigilia de la plena conciencia, podemos ser felices en el aquí y en el ahora. Tengo más de 85 años y cada día disfruto caminando. Reconozco que tengo pies y que son lo suficientemente fuertes para poder caminar. La plena conciencia es una fuente de plena felicidad y alegría. Aquellos que practicamos la plena conciencia podemos generar esa energía de la plena conciencia cuando queramos.

La enseñanza es lo suficientemente sencilla para que cualquiera la pueda practicar. Sólo nos hemos de entrenar un poquito en el aspecto de la felicidad. Cada momento de nuestra vida cotidiana se puede convertir en una fuente de felicidad. Podemos generar esa felicidad, mientras que la plena conciencia nos acompañe. Con el caminar y la meditación podemos generar esa energía de la plena conciencia.

Practicar el pleno caminar es practicar la plena conciencia. La energía de rabia, odio, sufrimiento… es una energía, que hemos de reconocer y abrazar, tal como la mamá abraza a su bebé. Quizás la mamá no sabe lo que le pasa al bebé, pero lo coge, lo abraza y entonces sufre menos. Hemos de abrazar ese dolor con la energía de la plena conciencia. Podemos pedir para ello el apoyo de otros practicantes: “Aquí amigos está mi  dolor. Mi energía de la plena conciencia no es suficiente para abrazar mi dolor. Por favor respirad conmigo para poder alcanzar una energía poderosa de la plena conciencia, de forma que yo pueda  abrazar mi dolor…” Esa energía adicional puede contribuir a superar esa energía de dolor. La “sangha” nos ayuda, nos ofrece una energía poderosa de la plena conciencia.

 

Como individuos podemos contribuir  a esa energía  colectiva  sanadora. Esa energía nos ayuda a restaurar nuestra  salud, belleza y frescura. “Respirando me  siento como una  flor…”, dice la canción. Todos de hecho, hemos nacido como una flor. Pero hemos de saber cómo cuidarnos a nosotros mismos en cuanto flor. La práctica de nuestra  conciencia nos ayuda a cuidar esta  preciosa  flor, para nosotros mismos y para los demás. Esa frescura es la que podemos ofrendar al mundo. La meditación andante nos ayuda a restaurar  esa plena conciencia.

 

Inspirando siento esa frescura y expirando restituyo la solidez. Una persona que no tiene estabilidad no puede ser feliz… Caminar es  restaurar nuestra  solidez. Cuando eres estable y sólido la gente puede confiar en ti. Ese  elemento de estabilidad y solidez es lo que puedes ofrecer.

 

… Inspirando me siento como agua, expirando reflejo las cosas tal como son. Es el aspecto de la paz lo que cultivas a través de la práctica. Si no tienes suficiente paz y tranquilidad no puedes  ser feliz. En la vida cotidiana puedes con cada paso cultivar una solidez y ganar en paz. Si tienes paz, la otra persona se beneficiará de tu paz y de tu tranquilidad. Expirando me siento que tengo libertad… La práctica de la plena conciencia nos permite tener más espacio en el corazón, nos ayuda a mirar todo de una forma más consciente y comprobar si lo que observas es importante o no lo es.

 

Hay gente que tiene todo eso y aún y todo no es feliz. No podemos dedicarnos a correr detrás de la fama y del dinero, sino que hemos de invertir nuestro  tiempo en hacer lugar en nuestro interior a más comprensión, amor y compasión. He de comprender la esfera  ajena, de él o ella. Cuando entiendes el sufrimiento de la otra persona, la rabia se te desprende y ya no tienes odio para con ella. La comprensión siempre lleva a la compasión. Estos  son lo valores.

 

¿Cómo hemos de cultivar el amor y la compasión? Esa compasión es la que te hace libre. Si quieres ser libre, libérate del dolor, del sufrimiento, del apego… Si tienes  comprensión, tienes mucho espacio en tu corazón. Comprender tu propio sufrimiento te ayuda a comprender el sufrimiento de él o ella: “Querido/a he visto que has sufrido mucho en estos años. He comprobado que no podía  aún comprender tu sufrimiento. Ayúdame a comprender tu sufrimiento. Ayúdame si puedes…”. Hay que comunicarse por lo tanto con amor. Si tenemos amor y compasión dentro de nosotros mismos, podemos verdaderamente ayudar. En unos minutos podemos practicar la conciencia, podemos generar la energía suficiente como para 

ayudar a otra persona a traer la reconciliación… En pocos días todos podemos aprender a escuchar con compasión y establecernos en la plena conciencia.

 

Acudir a un retiro de unos días puede ser una fiesta para practicar la plena conciencia Entablar  la escucha profunda es indispensable para restaurar la comunicación. No debemos esperar a estar en una situación de guerra para instalarnos en la paz. Si la guerra estalla es porque en la nuestra vida cotidiana no hemos practicado suficiente. No es fácil practicar en el contexto de la guerra. El sonido de los disparos nos impide concentrarnos en la práctica.

 

La paz se puede verdaderamente apreciar con el trasfondo de la guerra. Si apreciamos suficientemente la paz, no permitiremos la guerra. Si sobreviene la guerra es porque no pujamos lo suficiente por la paz. Quienes conocimos la guerra, tenemos compromiso añadido con la paz. Hemos de hablar con los jóvenes para ganarlos para la paz. En mitad de la situación de guerra, hay que practicar para no caer víctimas de la desesperación. Mucha gente joven que no ha vivido la guerra, no sabe apreciar la paz que tenemos. Lo que se sufre en una guerra, sólo se sabe  por la propia guerra. Os recomiendo la práctica preventiva.

 

En la sociedad se riega continuamente la violencia, el desenfreno y el placer sexual…, ¿Cómo practicar entonces sin perdernos en tanta locura? Es bueno practicar como individuos, pero es mucho mejor practicar como grupo. Si podemos cultivar la fraternidad en el seno del grupo, si podemos demostrar que la felicidad es posible, sin mucho dinero, sin mucho sexo…, podremos lograr que los otros no corran detrás de estos señuelos, de que sigan  detrás de la verdadera felicidad. El verdadero amor siempre nutre y sana. No tiene que ver mucho con el sexo. La felicidad es posible con la comprensión y la compasión. Quienes corren detrás del poder, del sexo, del dinero…, no encuentran la verdadera felicidad. Logremos demostrar esto a los jóvenes… Por eso es muy importante  crear grupo. Se pueden leer muchos libros, pero nada se puede  comparar con unas personas que viven en grupo y que son capaces de manifestar el verdadero amor y la verdadera felicidad.

 

Es posible ser consciente en medio de situaciones estresantes, cuando la mente trabaja mucho. Cuando nos encontramos en una situación estresante, respiramos y decimos: “Entonces estoy una situación estresante y no quiero dejarme  llevar por esta situación estresante”. La práctica de la meditación andante y la respiración, nos permite no dejarnos llevar este tipo de situaciones. ¿Quiero desperdiciar mi vida en situaciones así? Esta energía de plena conciencia nos permite no participar más en esas situaciones. Si en ese momento tenemos la suerte de estar con un hermano y hermana en la práctica, ellos nos pueden ayuda y así no dejarnos llevar por esa coyuntura. Estos estados estresantes precisamente ponen a prueba nuestra capacidad para ser conscientes.

 

Necesitamos tiempo para sanar nuestra situación dolorosa. Si la otra persona no tiene conciencia, cuando surgen esos estados hemos de practicar la respiración y la meditación andante. En vez de reaccionar negativamente, podemos decir así: “Querido, querida necesito tiempo para  abarcar estas circunstancias. Necesito tiempo para poder cuidar yo de mi emoción, para no dejarme arrastrar  por las emociones negativas”. Él o ella aprenderá de nuestra actitud y nos respetará…