Martín Cismondi

Practicante de Ashtanga Vinyasa Yoga

 

Practicar solo? En mi casa? Si bien llevaba más de 20 años haciendo yoga, hasta hace poco lo había hecho muy raras veces, no habrán sido ni diez en todo ese tiempo. Siempre iba a las clases, en distintos lugares, distintas variantes, profesoras… pero siempre a la clase. Porqué no también en casa? Creo que era principalmente por dos razones: primero, porque no sabía muy bien qué hacer… la profe estaba preparada para estructurar bien una clase, y yo no. Por otro lado, faltaba voluntad. Digamos que da fiaca ponerse uno a practicar solo en su casa.

Hace 6 años empecé con Angie, y creo que ahí encontré mi Escuela, o línea o camino definitivo para el yoga. En los primeros tiempos era “Casa de Yoga”, que luego por evolución y crecimiento paso a ser “Escuela de Hatha Yoga Dinámico” y más recientemente “Ashtanga Yoga Shala”. En fin… ya llevaba más de cinco años siguiendo las clases de Vinyasa, pero hace cierto tiempo habían arrancado también las clases de Ashtanga Mysore, donde según decían “cada uno hace la suya”, siguiendo la serie de Ashtanga a su propio

ritmo y sin que te guíen. Al menos no como en las clases típicas, en que todos hacemos lo mismo, y al mismo tiempo. Pensé que no era para mí, que requeriría todo un esfuerzo extra aprenderse la serie, y no tenía tiempo, etc. Pero en paralelo, desde mi lado más autocrítico, pensaba algunas veces si no había caído en una cómoda mediocridad. Por más que tuviera un nivel relativamente “avanzado” (hoy eso me da entre un poco de risa y vergüenza, pero así se catalogaba…) yo seguía haciendo más o menos lo mismo de siempre, y siempre guiado, totalmente dependiente de la clase. Ya no sé cuanto jugó o no esa cuestión medio psicológica, pero creo que me prendí en una clase prueba de Mysore y luego de la misma me animé a dar el salto en Febrero de este 2017. Y lo fui llevando bien, y avanzando en la serie… a pesar de una contractura bastante áspera, pero que finalmente logré superar.

Y vino un Taller de fin de semana a principios de Mayo, que me vino muy bien y me motivó más aún para seguir profundizando con Ashtanga. Ahí se habló específicamente, entre otras cosas, de la importancia de practicar “todos los días” (o casi), agregando las prácticas solitarias en casa los días que no se va a la Escuela. Incluso recuerdo que yo hice una pregunta en ese sentido. Y a partir de las respuestas de Angie, y todo lo que me dejó el Taller, por primera vez me convencí y tomé impulso para intentarlo, a ver qué onda… de a poco, sin demasiadas pretensiones. Pero decidido a “pararme sobre el mat” y largar. Ya no estaba el problema de qué hacer, ya que en Ashtanga no hay ninguna duda respecto a qué hacer ni en qué orden: se sigue la serie, luego de los ocho versos del mantra de apertura que tanto me gusta y ya se me había grabado en dos o tres meses. Así que, mientras pudiera hacerme el tiempo, sólo quedaba la cuestión de la voluntad. Vencer la fiaca.

Y sí… muchas veces, por no decir la mayoría o casi siempre, da fiaca arrancar la práctica en tu casa, solo y sin horarios. En esto, en base a mi experiencia, pensaba que se da algo muy análogo con lo que suele pasarme muchas veces para salir a correr. Uno está indeciso, sin suficiente voluntad, y el clima o cualquier otra cosa puede ser una buena excusa para cancelar el plan. Pero cuando logro salir, casi siempre pasa que al rato, mientras estoy corriendo, ya activado, pienso “qué bueno que salí… que bien que me hace”.

Con el Ashtanga en casa es más o menos lo mismo, sólo que de una forma como más profunda. Al principio puede que estemos más duros, desganados, con menor flexibilidad, sin suficiente energía… Hay que vencer una barrera, una “energía de activación” como diríamos en Ingeniería Química. Pero después todo va fluyendo… la respiración nos lleva, y hay algo que se destapa o desbloquea. Podremos decir “los poros”, o tales o cuales canales energéticos según alguna teoría, los nadis o lo que sea… pero más allá de las palabras o la posible explicación, sin dudas que algo de eso sucede, y uno se activa o se desbloquea, y sin dudas que está bueno. De alguna forma te regenera, te purifica, te despierta. Y trato de resumir lo que pasa, pero claramente las palabras no son suficientes. Hay que vivirlo, experimentarlo uno mismo, respirarlo.

Se ha escrito mucho sobre la importancia de la respiración, en el Yoga en general, y más específicamente en Ashtanga. Incluso algunas expresiones o ideas llegaron a parecerme exageradas, pero creo que después, por experiencia propia, las fui entendiendo-respirando yo tambièn. Lo que se me ocurre agregar en este momento (quizás ya lo hayan dicho otros, pero a mi me surgió de mi propia práctica) es que si en algún momento no la estamos pasando bien en la práctica, o nos sentimos desconectados o cansados… entonces, quizás, lo mejor que podamos hacer es concentrarnos más en la respiración. Respirar más profundo, con más conciencia. Y ahí, en general, todo va mejorando.

Y otra cosa que se me ocurrió, o que creo ir viendo desde estos primeros peldaños en la escalera del Ashtanga, luego de algunos meses de práctica: la práctica tiene también como un aporte, cómo decir… psicológico, o de carácter. Como una especie de regulador de la autoestima o el ego. La práctica te pone a prueba día a día y te sacude. Si te la crees, si te vas para arriba, te baja sutilmente de un hondazo. Sos un ser humano como cualquier otro, con un cuerpo con limitaciones, y pararte en el mat y arrancar siempre requiere cierto esfuerzo. Si te vas para abajo, te recompensa con unos mimos, te oxigena y te levanta, te saca del pozo en el que puedas haber estado antes de arrancar.

Hace un tiempo vi algunas notas, como relatos de experiencias propias, tanto de las (los) profes, como de otros practicantes “comunes”, y escuché a Angie incentivar a que cada uno comparta también. Me gustaron mucho los relatos que leí, pero qué iba a escribir yo! Y bueno… aquí van ahora estas ideas que fueron fluyendo y las acomodé un poco. Quizás, con las sutiles vueltas del destino mediante, puedan aportar algún granito de arena, algún empujoncito, algún click para que otros u otras también se animen a dar un saltito (a las clases Mysore, a practicar en casa...) y puedan ir experimentando aquello de “practice and all is coming”.

En algún punto, desde las experiencias positivas y el agradecimiento, creo que también surge como naturalmente el impulso de compartir e invitar. De la misma forma que, de toda esa activación o revitalización y purificación a la que me refería antes, creo que surgen naturalmente el Ahimsa, Satya, Asteya… y todo lo demás.

Gracias… totales!

Namasté  :)