Que hermoso acto de amor y de sinceridad fue la práctica para ambas.

Comencé con la práctica de yoga mucho antes de tener a mi hija. Una práctica que me dio la posibilidad de experimentar una profunda conexión y toma de consciencia de todo mí ser.

Debo reconocer que  venía haciendo un trabajo de sanación interna muy grande, sobretodo intentando escuchar, observar y atender mi lado femenino, mi linaje. Mi práctica estaba siendo una práctica de depuración enorme, donde he conectado con dolores físicos y también internos que solo hacían que mi firmeza en seguir sanando sea cada vez más innegable.  Cuando empecé con ashtanga yoga, me enamore desde el primer día, no hubo practica que no sacara a la luz todo lo que fui y soy, no hubo día que no me encontrara frente a frente conmigo misma.

Ashtanga vinyasa yoga y embarazo 

 Ashtanga me acompaña desde hace  poco tiempo, pero el suficiente como para invitarme día a día a sanar, a conectarme con mis obstáculos, mis frustraciones, mis temores. Fue y es una práctica que me purifica desde el interior, desde todas las capas de mí ser.

Desde el primer momento que supe de mi embarazo, entendí que mi proceso de sanación y limpieza interna iban dando sus frutos, (no porque atribuya y adjudique a mi hija esa enorme carga de sanar-me), sino porque por fin pude conectar con mi deseo de ser madre, de entender por qué evite conectarme con la maternidad durante muchos años.  

Desde ese momento la práctica siempre fue mi gran aliada, estaba y estoy convencida que gracias a la práctica siempre tuve una gran confianza en mí y mi embarazo, me llene de seguridad interna, de fortaleza para poder afrontar todo lo que implicaba tener una nueva vida creciendo en mi interior. Porque  los cambios iniciaron desde el día  uno, a nivel físico, emocional y mental.

Ya todo era pensar en dos, y los desafíos de la práctica iban apareciendo con el pasar de los días, jamás pensé en la posibilidad de que algo me hiciera o hiciese mal a mi o a mi hija, al contrario siempre practique pensado en la posibilidad de llenarnos de salud, energía y amor. Fueron esas las motivaciones que tenía siempre para pararme arriba del mat y practicar, sin esperar nada, solo practicar.

Tuve a mi maestra y profesora a mi lado, quien me guió y respeto siempre. Hice lo que mi cuerpo me pedía, lo que sentía que me hacía bien a mí y mi bebe. Viví realmente el momento presente en cada práctica. En una ocasión deje por unos 

días de practicar, ya que era el inicio del embarazo, quizás en ese momento me invadió el miedo, pero luego fue lo primero que desterré de mi interior, el miedo.  Entonces retome la práctica y escuche a mi profesora, me entregue y aprendí el reto del desapego constante, pero al mismo tiempo era algo maravilloso, porque todo mi ser estaba mutando, evolucionando, con una vida dentro de mí. Y puede alejarme y comprender que yoga comprende mucho más que la práctica de asanas. Éramos dos, todo era por y para las dos. QUE HERMOSO ACTO DE AMOR Y DE SINCERIDAD FUE LA PRACTICA PARA AMBAS.

Y así fueron pasando los meses y cada día sentía más conexión con mi hija, sentía que en el paso de una postura a otra iba hamacando a mi bebe, que la respiración nos calmaba y nos llenaba de armonía. Nos llenábamos de paz. Siempre trabajando el desapego y aprendiendo. Re adaptando las posturas, experimentando y aceptando.

Debo decir que recurrí a las herramientas y recursos con los que contaba, en cuanto teoría y conocimientos debido a mi formación., pero el permitirme confiar en mi intuición fue de gran utilidad para ir atravesando cada reto que me proponía esta nueva vida, este nuevo ser que crecía dentro de mí y esta nueva persona en quien me estaba convirtiendo. 

Ashtanga siguió siendo mi practica hasta la última etapa  del embarazo, al principio realizaba la serie completa,- obvio que con ciertas modificaciones- , 

luego la realizaba hasta Navasana y ya al final del embarazo sólo practicaba hasta las posturas de pie. Los cambios físicos son enormes y el peso del cuerpo es mayor. Centre toda mi atención en la respiración, a observar el ritmo interno ya que sentía que por medio de ella tanto mi mente como mi cuerpo entraban en completa sincronía, así como mis emociones y mi espíritu. Plenamente convencida de que la respiración nos purificaba, renovaba y nutria. Nos llenábamos de vitalidad y plenitud.

Luego iba percibiendo que los cambios físicos eran más y con ello eran más los retos que se me presentaban en el mat. Solo seguía guiándome por la intuición, escuchando a mi profesora y haciendo lo que sentía que nos brindaba más salud. A veces realizaba prácticas restaurativas, pero siempre volvía a ashtanga.

Jamás sentí que algo estuviese mal o bien,  porque eran tantos los cambios y transformaciones, estaba asombrada con cada uno de ellos, eran increíbles. La maravillosa adaptación del cuerpo para poder nutrir a un bebe  es algo realmente magnifico. La naturaleza en su máxima expresión y todo sucediendo en mí y mi hija. Y eso era sólo a nivel físico, todas las hormonas revolucionadas, una hermosa revolución. Tuve un embarazo lindísimo para mí, lleno de energía y creatividad.  La práctica de yoga ayudo a que mantenga un equilibrio emocional, a reducir mis ansiedades y sentirme relajada. Me dedique a disfrutar y a sentir el embarazo con mucha alegría y plenitud.

Actualmente, me encuentro transitando la semana 39 de mi embarazo, puedo decir que el Universo me regalo la oportunidad y desafío de la maternidad, pero también me regalo la práctica de Yoga. Que me llena  de fuerza interna, fuerza que tendré para afrontar el parto y para guiar y amar a una personita con lo mejor de mí en este mundo.

 La maternidad es una gran oportunidad de evolución y desarrollo personal, sigo creyendo que el yoga es y será mi gran templo y aliado, y me ayudara en la liberación de obstáculos para afrontar esta aventura que es la maternidad.

El embarazo es una fuente de autoconocimiento constante en esta fase de mi vida, me permitió  ser más compasiva y sentir mucho más amor. He sido una afortunada y bendecida con la práctica de yoga, porque me permite ir hacia dentro, transformando cada célula de mi ser, cada capa energética, me permite  evolucionar.

 

Dejamos de centrarnos en la parte física para centrarnos en algo mucho más profundo, mucho más interno, en nuestro propio ser. Y una vez consciente de todo este cambio, ¿para qué pasar los límites?, ¿para qué forzarnos?, ¿para que querer lograr algo que hoy no necesitamos, o no estamos preparados a enfrentar?.

Por eso en esta etapa de la vida me dedique a dejar que la práctica sea realmente mi guía.  Reconociendo que lo esencial es simplemente pararse en el mat y practicar. Y dejar que todo suceda.

Clarisa Braidot - Profesora de Ashtanga Yoga Shala